El vino es una bebida con siglos de historia. Hay quienes sitúan su origen miles de años antes de Cristo, en la región que comprenden Siria, Irán, Israel e Irak en la actualidad. En torno al 3.000 a.C., la vida llegó a Egipto, y a partir de entonces se cultivó en todos los países situados alrededor del mar Mediterráneo.

Los romanos empezaron a distinguir entre tipos de uva y de vino, e introdujeron nuevas maneras de producción: vinos condimentados con hierbas al estilo griego, ahumados almacenados en cámaras de humo, macerados en envases de resina, uva pisada, uva prensada…

En la Antigua Roma el vino era considerado un alimento esencial, pero los mejores brebajes eran reservados para las personas de alta alcurnia. Uno de los primeros personajes en hacer del vino un producto de lujo fue la reina egipcia Cleopatra. En una apuesta contra el que sería su amante, Marco Antonio, la última noble de Egipto afirmó que era capaz de gastar 10 millones de sestercios en un solo banquete.

La orgullosa mujer estaba en lo cierto y ganó la apuesta –y el amor de Marco Antonio-. Disolvió perlas en  vinagre de vino, con lo que fabricó de manera inconsciente el primer “vino de gourmets”. Pero no es ni mucho menos el único personaje amante del buen vino en la historia.

Napoleón Bonaparte era un apasionado del vino.  El emperador francés disfrutaba con su bebida favorita, el Gevrey Chambertin, un Pinot Noir elaborado con uvas de Borgoña. Este vino le acompañó en sus campañas a Egipto y Rusia, y también es la única bebida que tomó al final de sus días en Santa Helena. Podría ser este amor por el vino el que le llevó de manera indirecta a la muerte: el vino que llegaba a la isla en la que vivió recluido Napoleón era especialmente embotellado para él. Este era el único alimento que no compartía con el resto de sirvientes y habitantes de la isla. Por tanto, se especula que el arsénico con el que se envenenó al dirigente francés estaba en estas botellas de vino, que solo él podía tomar.

Más cercanos a la época actual, figuras como Churchill y Stalin también vivieron acontecimientos importantes cerca de una copa de vino. Winston Churchill, Primer Ministro del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial, era un conocido amante de las bebidas espirituosas. Todos sus desayunos incluían un vaso de vino blanco. Por su parte, el dirigente de la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial y parte de la Guerra Fría era un defensor del vino de su tierra natal, Georgia. El Khvanchkara, un vino georgiano tinto semi-dulce, fue de hecho, la bebida que Joseph Stalin eligió tomar para culminar la Conferencia de Yalta con Churchill y Roosevelt en 1945.

Como queda patente, el vino es una constante a lo largo de los siglos, que ha acompañado a figuras de renombre internacional en la historia. Iniciativas como la Ruta de Isabel la Católica en España aúnan en la actualidad vino e historia. Entre las visitas que ofrece, enclaves de la Denominación de Origen Ribera del Duero, de la que Bodegas Ferratus forma parte muy orgullosa.

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3 Comments

  1. I like this post, enjoyed this one regards for putting up. The goal of revival is conformity to the image of Christ, not imitation of animals. by Richard F. Lovelace. geaeebccagba

  2. La verdad es que hablamos de un producto con una calidad inmejorable, por lo tanto es fácil imaginar a ls grandes personajes de la historia disfrutando de un buen vino. un abrazo!!

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