El comienzo de mi gran amor por la viña: La vendimia 2004

Nunca  había sido una mujer de campo: lo mío fue siempre la ciudad. ¡Ojo! digo había sido… El amor que hoy siento por el campo, por la viña, por ese olor que desprende la tierra después de llover, por el silencio en el que se casi se escucha cómo va madurando la uva, se lo debo en gran medida a la persona de la que hoy quiero hablar y que fue decisiva a partir de la vendimia de 2004, añada calificada como Excelente, icono en nuestra Denominación de Origen y clave en el despegue de los FERRATUS.

Arcadio me enseñó todo lo que sé sobre los caminos imposibles de la parte de la  Ribera del Duero en la que me muevo, y ante todo sobre cómo tratar y aprender de las gentes de esta tierra, sabias pero muy, muy celosas de su sabiduría. Gracias  a él, parte de esa sabiduría la han compartido conmigo.

A él, a mi maestro, mi compañero de fatigas, mi amigo, desde donde esté, que seguro vela por mí,  mi más profunda admiración y el más grande de los respetos.

Una mirada al pasado: La primera vendimia (2003)

Ya en puertas de la vendimia 2015, nos gusta mirar al pasado. Doce años ya desde aquella primera vendimia, y a pesar de lo deprisa que pasa el tiempo, su recuerdo permanece grabado a fuego. Doce años de aprendizaje, de trabajo, de experiencias, de conocer paisajes y gentes, paisajes que perduran, gentes que siguen a nuestro lado y otras de las que sólo nos queda el recuerdo de lo que nos enseñaron.

La 2003 fue la añada más ilusionante pero la más difícil, por eso de ser la primera. Todo era nuevo, atrayente pero incierto. La elección de una uva y una madera especial para nuestros FERRATUS tuvo mucho que ver con los sueños y poco con las certezas. ¡Ya entonces estábamos un poco locos! Porque ponerse como meta desde el comienzo, estar entre los mejores, entre los vinos que la gente recuerda cuando piensa en vino, tiene mucho de bendita locura y una pizca de buena suerte.