La pura verdad es que en estos días de vendimia tengo poco tiempo para nada, y menos para seguir las redes sociales. Pero lo que veo refleja una imagen de cuento de hadas:  amaneceres y puestas de sol entre viñedos de foto, cajas de uva fresca y recién vendimiada, sin una hoja, temporeros sonriendo a la cámara, y bodegueros orgullosos, todos impolutos, yo incluida, brindando entre las cepas: en fin, puro romanticismo y paisaje bucólico.

No digo que lo descrito no sea cierto pero hay más, mucho más.

La época de vendimia es realmente una locura, una auténtica locura. Puedo asegurar, sin miedo a equivocarme que estos días hay más invocaciones al Santísimo, que durante el resto del año junto. Espero que nadie se moleste por este comentario, que lo hago desde mi propia experiencia como bodeguera, en unos días en los que termino exhausta y agradecida, a partes iguales.

Durante el resto del año, nuestra confianza está puesta en el viticultor y en ese campo nuestro trabajo como bodega es realizar una labor de control. Pero además tenemos otras muchas tareas que hacer: viajes de un lado al otro del mundo, con la mochila cargada de historias y vino para disfrutar con los amantes del buen vino; inversiones y mejoras en la bodega que planificar; nuevas ideas de imagen y comunicación a desarrollar, que ayuden a vender nuestros vinos … En resumen, actividades que nos permiten mejorar y posicionarnos en este muy competitivo mercado que es el del vino. Éste es nuestro día a día hasta finales del mes de agosto, momento en el que volvemos a poner las botas en la tierra y la mirada en el cielo.

“¿Cuándo empiezas la vendimia este año?” “¿Cuándo acabas de vendimiar? Son las mismas preguntas cada año y las respuestas, que son clave para nuestro futuro, nunca dependen de nosotros. Porque del tiempo, del cielo, de algo que se escapa a nuestro control, depende que la uva tenga la máxima calidad en el momento de su recogida, y poco, o mejor dicho nada, podemos hacer para que el clima nos sea propicio: eso no está en nuestras manos.

Tras 11 días de vendimia y por puro cansancio se me pasa por la cabeza  que sea otra persona quien continúe mi trabajo  pero es en ese preciso momento cuando imagino a alguien, en algún lugar del mundo disfrutando con una copa de FERRATUS: no hace que el cansancio sea una pizca menor, pero me da el impulso que necesito para seguir adelante y me hace feliz.

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