foto-familiaCon el apoyo incondicional de su padre Pedro y de su hermano Enrique, María Luisa Cuevas comenzaba en 2003 una carrera de fondo casi sin ser consciente de lo que supondría. Un mundo, el de los vinos, desconocido para ella y en el que no contaba con tradición familiar, salvo el hecho nada menor de haber nacido y crecido en tierra de viñedos: la Ribera del Duero. Nada se le puso por delante. El comienzo fue difícil y hubo que superar grandes obstáculos: la primera vendimia, supuso una experiencia dura, pero María Luisa tenía la suerte de contar con uno de los mejores técnicos, Benigno Garrido que se incorporó como asesor enológico cuando la bodega era tan solo un proyecto, comenzando una relación profesional y personal que continúa. Otra persona tan singular como fundamental para el proyecto de Ferratus fue Arcadio Hernando, un hombre experimentado y sabio, que introdujo a María Luisa en el mundo y las gentes del campo de La Ribera. Gracias a su motivación y ganas de superación, y a la ayuda de su familia, María Luisa Cuevas ha reunido el equipo perfecto para poder alcanzar con Ferratus todas las metas que se propongan.

Como para el corredor de fondo, el éxito pasa por perseverar, tener capacidad de esfuerzo y superación y sobre todo disfrutar con lo que haces.

Queridos amigos:

Mi relación con el vino comenzó como “un amor a primera vista” y aún hoy posee la locura y la magia del primer encuentro junto a la cordura y la responsabilidad del amor maduro.

Se puede elaborar vino por diversos motivos pero cuando conscientemente lo haces por auténtica pasión, de forma casi visceral, lo que haces se convierte en parte de ti y parte de ti pasa a formar parte de tu creación. No olvido que somos dos los que creamos, la cara y la cruz de la misma moneda que es FERRATUS, Benigno y yo: él es el intérprete y yo la compositora de lo que pretende ser cada añada una pequeña obra de arte. Pero nada podríamos hacer nosotros sin el resto de nuestro equipo, de nuestra orquesta: mi familia, que pone los instrumentos, las partituras, la sala de conciertos, y aporta su fuerza, su trabajo y su apoyo para que suene una dulce y elegante melodía en nuestros paladares.

No tengo la menor duda de que nuestros vinos tienen “un no sé qué especial”: provocan sensaciones y emociones distintas según cuando y con quién se disfruten. Los que los han probado lo saben, a los que no les invito a descubrirlos: les aseguro que no saldrán decepcionados.

Mª Luisa Cuevas