El pedrisco. Solidaridad con la Ribera del Duero.
No es solo granizo: es el golpe seco de lo imprevisto.
En los últimos días varios municipios de la Ribera del Duero han sufrido episodios de pedrisco con consecuencias visibles y dolorosas: parcelas enteras dañadas, brotes rotos, racimos heridos y esfuerzos de todo un año puestos a prueba en apenas diez minutos de tormenta.
El pedrisco no solo impacta la viña, impacta al viticultor: altera las decisiones de poda, las fechas de vendimia, la calidad final de la cosecha, si es que queda algo que vendimiar. Pero, sobre todo, desestabiliza emocionalmente a quienes trabajan la tierra con compromiso y visión a largo plazo. Porque, ante la fuerza de la naturaleza, la viticultura exige algo más que técnica: exige fe.
Este fenómeno, cada vez más frecuente por el cambio climático, nos obliga a reflexionar sobre la fragilidad del ciclo natural y la necesidad de proteger, entender y valorar cada botella como el fruto de muchos factores, no todos humanos.
Desde aquí, nuestra solidaridad con todos los viticultores afectados. Porque el vino nace de la tierra, pero también del esfuerzo silencioso de quienes saben recomenzar.


