Una vendimia larga, guiada por la calma del clima y la fuerza de la uva.
Han sido semanas intensas: estoy emocionada, exhausta… pero profundamente feliz. La Vendimia 2025 se ha vivido con una armonía poco frecuente: clima, equipo y uva han ido al unísono.
Lo más destacable, climatológicamente hablando, ha sido la estabilidad del tiempo. Esa serenidad nos permitió trabajar con calma y precisión en una vendimia larga y pausada, que comenzó el 22 de septiembre con los blancos y concluyó el 13 de octubre con los tintos, tras breves pausas para respetar el ritmo natural de la viña.
Probablemente, si no la mejor, la 2025 será una de las mejores añadas de la historia de FERRATUS, tanto por la calidad de la uva como por los resultados que ya se aprecian en bodega. Los vinos muestran índices de color excepcionales y una suavidad de taninos que auguran grandes cosas.
Nuestro enólogo, Emmanuel Ivars, lo resumía con entusiasmo: “Una añada brutal, absolutamente brutal.”
Si algo me emociona especialmente es el equipo humano. Es el segundo año consecutivo con el mismo grupo, perfectamente coordinado y comprometido. Personalmente, este año he estado todos los días en el campo, viviendo la vendimia desde dentro, compartiendo madrugones, decisiones y risas. Ha sido un esfuerzo enorme… pero también una experiencia de las que no se olvidan.
Además, en 2025 estamos dando un paso adelante que me llena de orgullo: la incorporación a Ferratus de Enrique Arroyo Cuevas, segunda generación de la familia, que ha vivido esta vendimia entre cepas y bodega, aprendiendo el oficio y la pasión de quienes le precedemos.
Durante toda la campaña, la bodega ha estado viva. Hemos recibido a profesionales, amigos y amantes del vino que han querido acompañarnos, sentir el pulso del campo, el aroma de la uva recién vendimiada, la emoción que se respira estos días.
Hoy, más que nunca, puedo decir que FERRATUS vive un momento único.
Ésta es una añada, la 2025, que, sin duda, quedará en nuestra memoria.


