En FERRATUS, proteger el viñedo es un trabajo que empieza mucho antes de que el ciclo vegetativo despierte. La Ribera del Duero es una tierra extrema, donde el frío no avisa y las decisiones tomadas en los meses de invierno pueden salvar la cosecha en primavera.
Todo comienza en enero y febrero, cuando el campo aún está en silencio. En ese momento realizamos las labores de arado, que oxigenan el suelo y lo preparan sin comprometer la futura brotación. Son trabajos sutiles, esenciales, que respetan los tiempos del viñedo y marcan el inicio de un nuevo año.
En marzo, el viñedo se observa, pero no se toca. Esperamos a que pase la primera mitad del mes para intervenir. A partir del 15 de marzo, iniciamos la poda tardía, una práctica clave que nos ayuda a retrasar la brotación y, con ello, a proteger las yemas frente a las posibles heladas.
Cuando llega abril, la tensión es constante. Cada amanecer puede traer consigo un golpe de frío que cambie el rumbo de todo. Por eso, en parcelas como las de San Juan, de plantación más joven, aplicamos una conducción elevada: la formación de las cepas se sitúa entre 80 y 90 centímetros del suelo, una técnica sencilla pero eficaz para protegerlos del frío a ras de tierra. Esta estrategia no puede aplicarse a viñas viejas, pero sí a aquellas que permiten un sistema más flexible y moderno como las destinadas al FERRATUS AØ.
Hasta el día 15 de mayo, la helada sigue siendo una amenaza real. No bajamos la guardia: en Ribera del Duero, todo puede cambiar en una sola noche. Solo después de San Isidro comenzamos a respirar con cierta tranquilidad.
Además, en FERRATUS hemos aprendido que el clima no se combate, se anticipa. Por eso, hemos diseñado un sistema basado en la diversificación de parcelas: cultivamos 30 parcelas en distintos municipios, con altitudes y orientaciones variadas. Si una zona sufre una helada o una tormenta de granizo, otra puede resistir. Así protegemos nuestra esencia y continuidad. De esa estrategia nace FERRATUS Origen, un vino elaborado desde el equilibrio, el respeto por el clima y la inteligencia de una viticultura que piensa a largo plazo.


